El porcentaje de hijos con síndrome de Down creció un 1 por ciento anual desde 1979, según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC).
Ese aumento se debería a que cada vez más mujeres mayores de 35 años están teniendo bebés, dijo el doctor Adolfo Correa, del Centro Nacional de Defectos de Nacimiento de los CDC. Esas mujeres son cinco veces más propensas que las madres más jóvenes a tener un bebé con síndrome de Down, destacó Correa.
Actualmente, uno de cada 1.000 niños y adolescentes en Estados Unidos padece ese trastorno cromosómico y cada año nacen 5.400 bebés con síndrome de Down, publicó el equipo de Correa en la revista Pediatrics.
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Las personas con síndrome de Down tienen algún nivel de retraso mental y tienen riesgo de sufrir ciertos problemas de salud. Por ejemplo, muchas nacen con defectos cardíacos.
Pero el 90 por ciento celebrará su quinto cumpleaños y la expectativa de vida promedio para la persona con síndrome de Down es de más de 50 años.
Hasta ahora, un sólo estudio en una ciudad había analizado las tasas de esa enfermedad en niños y adolescentes. Se necesitan cifras precisas para planificar la atención de esas personas a medida que envejecen, ya que muchas necesitan cuidados especiales.
El equipo analizó los datos de un registro de malformaciones congénitas para el período 1979-2003 y 10 regiones en Estados Unidos.
Los autores hallaron que nueve de cada 10.000 bebés nacidos vivos en Estados Unidos en 1979 tenían síndrome de Down. Eso creció más del 30 por ciento en 14 años, hasta llegar a casi 12 por cada 10.000 bebés en el 2003.
En el 2002, había unos 83.400 menores de 19 años con síndrome de Down.
El riesgo de nacer con el trastorno era más alto en los varones que en las mujeres. Hubo también evidencias de que el síndrome de Down fue más común en los hispanos que en los blancos, pero menos común en los afroamericanos. Correa dijo que se ignoran las causas de esas diferencias.
Los resultados son "un buen punto de partida" para predecir mejor las necesidades médicas de las personas con síndrome de Down. El estudio no pudo probar si el aumento en la cantidad de mujeres bajo control prenatal redujo la cantidad de nacimientos de bebes con síndrome de Down.Sólo entre el 10% y el 20% de los casos de malos tratos infantiles se detecta
No conocemos su color de ojos, ni su juguete favorito, ni si le gustaba más el sabor a fresa o a chocolate. Pero, en cambio, toda España sí sabe hasta el último detalle de un informe médico que nunca debió trascender a la prensa.
El caso de Aitana, la niña tinerfeña de tres años que falleció tras sufrir una caída de un columpio mientras jugaba y cuyo parte médico erróneo apuntaba la sospecha de malos tratos y abusos sexuales, ha puesto de relevancia la tolerancia cero de la sociedad con los casos de abusos a menores pero, también y, sobre todo, que aún queda mucho por hacer para su correcta detección y comunicación.
La propia ministra de Sanidad, Trinidad Jiménez, defendía el pasado martes que si bien los protocolos de protección del menor para los servicios sanitarios y sociales "son bastante ajustados" se debe hacer un esfuerzo por aplicarlos "con más precisión".
Mientras, la realidad de los malos tratos infantiles tiene otras caras. ELMUNDO.es ha estado con tres víctimas de abusos sexuales en la infancia y con los profesionales que hacen frente al maltrato infantil. Todos coinciden. Es hora de poner encima de la mesa su elevada existencia (sólo se detecta entre el 10% y el 20% de los casos) y trabajar en la prevención, además de proporcionar recursos a las víctimas y a sus familias.
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Los casos de Aitana (que finalmente ha resultado ser incierto), el de Mari Luz, la pequeña de Huelva asesinada por un pederasta, o el de la estadounidense Megan, la menor de 7 años violada y asesinada en 1994 por un individuo que ya había sido condenado por abusos sexuales a menores, desgarran la conciencia colectiva. Pero ni son la forma de maltrato infantil (MTI) más frecuente en nuestro país, ni son representativos de la mayoría de los casos de abusos sexuales en la infancia, porque el 65% de los abusadores no son extraños, sino miembros de la familia o del entorno cercano de la víctima.
Porque, como dice Javier Urra, psicólogo forense en la Fiscalía del Tribunal Superior de Justicia y Juzgados de Menores de Madrid desde 1985 y primer Defensor del Menor de la Comunidad de Madrid, de "todos los tipos de malos tratos infantiles existentes en España, la negligencia por falta de cuidados es el más frecuente [el 86,4%]".
Tipos de malos tratos
El resto de abusos son los psíquicos, los físicos y los sexuales. Sin embargo, estos últimos son los que más atención mediática generan y los que más alerta crean en la población porque causan una mayor conmoción. Son los más silenciados por sus víctimas. Se alimentan del secretismo que les rodea y crecen con él, lo que facilita que se perpetúen en el tiempo.
Y por si fuera poco, insiste, "algunos son difíciles de diagnosticar. Por ejemplo, un enrojecimiento de los genitales de un niño o de una niña no siempre es un signo de abuso sexual".
El mutismo de María Eugenia [nombre ficticio porque prefiere conservar su anonimato], ahora de 43 años, divorciada y madre de dos hijos duró cerca de 16 años. "Tenía esa edad cuando le pedí ayuda a mi madre, aunque la conciencia real de lo que estaba sucediendo y de que no era normal me llegó con 10, como les sucede a todos los que experimentan estos abusos. Ella miró para otro lado pese a que siempre supo que mi hermana y yo sufríamos los ataques de mi padre. Dependía excesivamente de él y sufría malos tratos físicos, al igual que nosotras".
Sin cifras exactas
Una de cada cuatro niñas y uno de cada siete niños sufre alguna forma de abuso sexual antes de los 17 años, según el doctor Urra. A estas cifras escalofriantes se suman las de otras formas de MTI. Según una reciente revisión de la revista 'The Lancet', se estima que en los países desarrollados uno de cada 10 niños sufre abandono o maltrato psicológico y entre el 4% y el 16%, daños físicos.
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"Desconocemos el número exacto de víctimas dentro de nuestras fronteras, pero podemos afirmar que tanto aquí como en el resto de países los casos en menores son más frecuentes que los de mujeres que sufren violencia de género y, peor aún, van en aumento", apunta el doctor Urra.
Un artículo de revisión realizado por Soriano Faura, de la Agencia Valenciana de Salud, y el Grupo Previnfad-Promoción del Buen Trato y Prevención del MIT, de la Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria (AEPap), revela que la incidencia de maltrato en el ámbito familiar entre 2001 y 2005 había aumentado en un 146,29%.
Casos sin destapar
A la preocupación que supone el crecimiento de estos actos, se añade que sólo entre el 10% y el 20% de los casos se detecta, según estimaciones de la Sociedad Española de Pediatría Extrahospitalaria y Atención Primaria (SEPEAP). Y todo pese a la creación en 2007 del Protocolo Básico de Intervención Contra el Maltrato Infantil, que aprobó el Observatorio de la Infancia, del Ministerio de Trabajo en Inmigración, que establece las directrices a seguir por los distintos profesionales, médicos, trabajadores sociales, educadores y policía, ante el indicio o la sospecha de un caso de malos tratos a un menor.
Los motivos: "Forman parte de la privacidad de la familia por lo que se mantienen en secreto y no existe un concepto unificado sobre cuándo un acto es un maltrato físico. Me refiero al hecho de considerar el castigo físico como medida de disciplina y no como maltrato", puntualiza el psicólogo forense de la Fiscalía de Menores.
Aún continúa el debate sobre si debe o no existir el castigo físico al menor. Un sondeo realizado en 2007 por la Fundación Pzifer entre 15 expertos en malos tratos infantiles ha puesto de relevancia la diversidad de opiniones en esta materia.
A la pregunta: ¿Todo castigo físico (azote, cachete... ) es maltrato? Las respuestas son múltiples: Unos opinan que si se recurre a este tipo de sanción es que se no se sabe educar de otra manera, Para otros, en cambio, depende de si el castigo físico se produce como un hecho aislado o de manera reiterada en el tiempo, de la intensidad, las causas que lo provocan y las consecuencias del mismo. Y por último: algunos opinan que confundir un azote o cachete con malos tratos es confundir términos.
Sigue de igual forma abierta la polémica por el hecho de que el Código Penal establezca los 13 años como la edad mínima para que los chicos y chicas puedan mantener relaciones sexuales consentidas con un adulto, lo que abre la mano a posibles abusos sin sanción. Pero hay más motivos. Seguramente uno de los más importantes sea la pericia de los profesionales sanitarios a la hora de discernir qué lesión es fruto de un accidente y cuál del abuso.
Detectores de abusos
Por esta razón, el año pasado y al otro lado del Atlántico, se decidió crear la subespecialidad pediátrica en MTI. Carole Jenny, directora del grupo de Protección Infantil del Hospital de Niños de Hasbro en Rhode Island (Estados Unidos) y una de las artífices de la creación de esta nueva titulación justifica esta decisión en "la complejidad de este campo y por la necesidad de contar con personal intensamente formado para que sea capaz de diagnosticar y tratar los abusos".
Los nuevos detectores de los abusos infantiles en este país serán, por tanto, pediatras con formación en desarrollo y comportamiento infantiles pero, también, en medicina forense. Incluso aprenderán cómo se debe declarar en un juicio.
Afortunadamente, iniciativas similares se han estado llevando a cabo en nuestro país en la última década. "Durante siete años, el Instituto Madrileño del Menor y la Familia de la Comunidad de Madrid ha estado dando clases de formación a pediatras, psicólogos y asistentes sociales en esta materia", destaca Carmen Martínez González, de la AEPap. Defiende como necesario e importante que los profesionales estén entrenados en la detección de los abusos, "aunque forma parte de nuestra formación como pediatras saber qué niños sufren maltrato y cuáles no. De hecho, nuestra obligación es la comunicación inmediata a la fiscalía en el momento de producirse una sospecha".
Otros frentes levantados para proteger a los menores son los Equipos de Valoración de Malos Tratos Infantiles (EVAMI) como el formado por Jordi Pou, jefe del Servicio de Pediatría y Urgencia del Hospital San Joan de Deu en Barcelona. "En los 90 salieron a la luz, un elevado número de abusos sexuales a menores y nos dimos cuenta de que aquí no se diagnosticaba ningún caso. Por eso, en el 92, creamos el EVAMI, que también existe en otros centros hospitalarios nacionales. Se trata de un equipo multidisciplinar que valora los posibles casos de abusos. Al año solemos tener unos 200 casos de abusos sexuales, aunque luego no todos se confirman, y otros 50 de malos tratos físicos".
La creación, asimismo, del Registro Unificado de Malos Tratos Infantiles, el RUMI, facilita también la posibilidad de detectar a los menores maltratados. "Se trata de una base de datos para que los médicos de la sanidad pública puedan ver el historial médico del niño en el caso de que sospechen de un abuso", agrega este experto.
Pese a todos estos dispositivos, muchos menores están desprotegidos frente al primer abuso sexual o maltrato o, lo que es peor, a su sufrimiento continuo. La exploración detallada del menor, la detección de lesiones sospechosas y la comunicación inmediata del abuso ante el menor indicio pueden ayudar a prevenir futuros traumas. Y es que tal y como constata una investigación estadounidense, recientemente publicada en Child Abuse & Neglect, un 75% de los menores de 24 meses víctimas de todo tipo de agresiones tenía un historial previo de lesiones. Este hecho se produce tanto al otro lado del Atlántico como como a este. Pese, incluso, a que el Observatorio de la Infancia determina en su informe Maltrato Infantil: Detección, notificación y registro de datos, "que para notificar un caso no es necesario tener una certeza absoluta, sino que es suficiente tener una sospecha razonable de ellos".
Frenos a la denuncia
Sin embargo, muchos profesionales no dan parte de sus sospechas porque bien "consideran las lesiones poco importantes, no saben con seguridad cómo se han producido aunque se sospeche o tienen miedo al pensar que emitir un parte de lesiones equivale a poner una denuncia", agrega el documento.
Otros frenos hablan de "experiencias anteriores en las cuales a pesar de comunicar la sospecha de maltrato a las autoridades, el niño fue entregado a los padres sin el tratamiento social previo. La creencia de que más vale unos padres malos que una mala institución o considerar que no debe interferir en los asuntos privados de la familia", son otras barreras a sumar, tal y como establece la institución.
"No siempre el castigo a la familia ayudará a resolver el problema, por eso en ocasiones muchos profesionales se dan cuenta de que algunos casos de negligencia en el cuidado del menor se deben a que la familia está desestructurada. Por eso, trabajar con ella y apoyarla puede resolver muchos casos", refiere Carmen Martínez.
Pero este esfuerzo escasea, precisamente, con las víctimas, según denuncian las escasas asociaciones de atención a ellas existentes en nuestro país, como la valenciana Ascasi (Asociación Contra los Abusos en la Infancia www.ascasi.org) o la madrileña Aspasi (Asocación para la Sanación y Prevención de Abusos Sexuales en la Infancia www.aspasi.org).
Margarita García Marqués, psicóloga y presidenta de esta última, se queja de las pocas iniciativas existentes para prevenir los malos tratos a menores. "Uno de los objetivos de la asociación es dar charlas en los colegios para que los menores puedan tener los conocimientos suficientes que les ayuden a defenderse de los abusos sexuales. Para ello tienen que tomar conciencia de qué es su sexualidad y de que pueden decir que no cuando alguien toque sus partes íntimas. Pero nos encontramos con muchas barreras. Ni padres ni educadores aceptan este tipo de mensajes".
Critica también la falta de atención precoz a las víctimas. "Pueden recuperarse del trauma vivido, pero las secuelas no serán las mismas si la ayuda psicológica se realiza de forma precoz, cuando los abusos acaban de producirse que si pasaron hace años".
Testimonio
Como prueba de sus palabras, el testimonio de Raquel, cuyo nombre, como el de María Eugenia, no es real, pero que también prefiere conservar el anonimato). "Yo sufrí abusos por parte de mi padre, mis hermanos y mi tío cuando era pequeña. No sabía lo que era y pensé que era natural, porque suceden sin fuerza, con cariño. Son como amorosos. Salí de aquella nefasta experiencia sin ayuda, pero con muchas más secuelas que mi hijo".
Raquel se refiere a las vejaciones que también sufrió él cuando tenía siete años. "Mi propia experiencia me sirvió para ver que algo le sucedía. Rápidamente observé que estaba muy agresivo con esa persona en concreto, su primo, y empecé a sospecharlo. Hablé con él sin intimidarle, pero lo negaba, hasta que sufrió desgarros y su carácter empeoró. Fue entonces cuando habló de todo conmigo. Busqué asistencia rápidamente y hoy es un niño normal y feliz que puede superar lo sucedido, en parte ya lo ha hecho".
Ella reconoce que el mensaje que debe transmitirse a las víctimas "es de esperanza. Se sale, pero cuando decides hablar de ello y buscar ayuda". Y a la sociedad: "Los malos tratos infantiles existen, pero tenemos que dejar de mirar hacia otro lado", puntualiza.Pesca sostenible certificada
Especial
La pesca sostenible también tiene su certificado ecológico. Sellos como el del Consejo de Administración Marino (MSC) o la etiqueta "Delfines a salvo" contribuyen a que llegue al mercado más pescado y marisco gestionado de manera respetuosa con el medio ambiente. Sus responsables aseguran que la certificación ecológica puede hacer frente al problema mundial de la sobrepesca. Al elegir y exigir estos productos sostenibles, los consumidores ayudan a evitar el colapso de las pesquerías, esenciales para la economía y la alimentación de millones de personas en todo el mundo.
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El sello MSC certifica en la actualidad a 58 pesquerías de todo el planeta
El programa de certificación es voluntario. Las pesquerías que deseen obtenerlo deben superar un proceso de acreditación llevado a cabo por organismos independientes avalados por el MSC. La pesquería que supera los controles puede etiquetar con el sello azul del MSC a sus capturas. De esta forma, los consumidores reconocen que esos peces y mariscos han sido atrapados de forma responsable con el medio ambiente.
En España, uno de los mayores países consumidores de pescado del mundo (40 kilos anuales por habitante) y la principal potencia pesquera de Europa, dos pesquerías han solicitado este sello. La Sociedad Cooperativa Gallega Ría de Arousa y el Plan de Explotación Conjunto de la Navaja de la Ría de Pontevedra iniciaron en marzo de este año el proceso de certificación de sus pesquerías de almejas, berberecho y navaja.
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Los responsables de este organismo recuerdan que la mitad del pescado y marisco mundial provienen de países en vías de desarrollo. Por ello, el MSC apoya a las pesquerías de estas regiones para que participen en el programa, de forma que puedan beneficiarse del etiquetado ecológico.
El MSC informa en su página web sobre los programas de certificación, proyectos educativos y pesquerías certificadas, así como marcas, restaurantes y minoristas que venden productos con este ecolabel.
Las prácticas destructivas e ilegales han llevado al agotamiento a más del 80% de las pesquerías europeas
El estándar del MSC se alinea con las "Directrices para el ecoetiquetado de pescado y productos pesqueros de la pesca de captura marina", aprobadas por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) en 2005.
Los consumidores también pueden encontrar etiquetas que hacen referencia a capturas que no han dañado o matado delfines. Los símbolos pueden ser muy diversos: dibujos con delfines o leyendas como "Amigo de los delfines" o "Delfines a salvo". En general, suelen ser productos con atún en los que se asegura que ningún delfín ha caído como consecuencia de la pesca accidental, otro de los males que afectan a los recursos pesqueros en la actualidad.
El importante papel de los consumidores
La sobrepesca es un problema cada vez más grave. Según la organización WWF, las prácticas destructivas e ilegales han eliminado el 90% de los atunes del mundo y han llevado al agotamiento a más del 80% de las pesquerías europeas. Algunas especies comunes en otros tiempos ahora son difíciles de conseguir. La sobreexplotación de los recursos pesqueros provoca la desaparición de la forma de vida de miles de personas en todo el mundo.
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Sin embargo, como recuerda WWF, el consumidor español dispone de escasas herramientas para elegir y apenas le llegan productos certificados por MSC. Por ello, los responsables de esta organización conservacionista consideran esenciales las campañas de sensibilización, información y generalización de los productos pesqueros sostenibles.
Por su parte, las instituciones son fundamentales para incrementar la pesca sostenible. La aprobación de leyes más exigentes y el cerco a la pesca insostenible o ilegal son algunas de las medidas que los gobiernos pueden llevar a cabo. La buena gestión contra la pesca ilegal tiene sus frutos: según el Ministerio de Medio Ambiente y Medio Rural y Marino (MARM), España consolidaba para 2009 sus cuotas para una pesca sostenible y responsable. Algunas pesquerías han incrementado este año su cuota para la flota española, como el bacalao ártico, la merluza sur, la caballa, el pez espada o el atún blanco del Atlántico Norte.
Críticas a los certificados de pesca sostenible
En los últimos meses, el sistema de certificación del MSC ha recibido diversas críticas. A principios de este año, el Acuario de la Bahía de Monterey y la organización conservacionista Oceana objetaron que el stock de la pesquería de merluza del Pacífico, en la fase final de certificación, se encontraba en su nivel más bajo jamás observado. Sin embargo, la reclamación se rebatió.
Diversos ecologistas han señalado que la evaluación con empresas externas deja la puerta abierta a "acuerdos especiales" entre ellas y las compañías pesqueras. Hasta el momento, sólo se ha rechazado la pesquería de langosta en aguas británicas después de pagarse por una evaluación.
Daniel Pauly, profesor en el Centro de Pesca de la Universidad de British Columbia, asegura que el MSC ha recibido donaciones importantes para certificar granjas de peces que podrían causar impacto ambiental en los océanos. El científico también afirma que el sistema de medir por el porcentaje de las capturas mundiales puede dar pie a irregularidades.
El responsable del MSC, Rupert Howes, ha respondido que el certificado es un sistema en evolución y que en algún momento las normas se revisarán. Mientras tanto, sostiene Howes, "las expectativas de lograr la perfección no deben ocultar los importantes avances logrados".
La etiqueta sobre los delfines también ha recibido distintas objeciones. La Unión de Consumidores de EE.UU. asegura que no cuenta con garantías reales porque no es un sistema universal e independiente. En un informe de 2008, Greenpeace señaló que la etiqueta sólo se refiere a los delfines, pero la pesca accidental por atún puede dañar a otras especies, como tiburones o albatros.Opción orgánica contra cambio climático
La agricultura orgánica es una herramienta clave para frenar el cambio climático, asegura un informe publicado recientemente por la Asociación para los Suelos, una organización sin fines de lucro con base en el Reino Unido.
"El suelo es el principal banco de carbono del mundo", le dijo a BBC Mundo Patrick Holden, director de la ONG. Contiene tres veces más carbono que la atmósfera y cinco veces más carbono que los bosques.
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Los métodos que utiliza la agricultura orgánica (rotación de cultivos y fertilizantes naturales, entre otros) hacen que la tierra absorba una mayor cantidad de dióxido de carbono, que, si se emplean otros métodos agrícolas, se liberaría en la atmósfera contribuyendo al calentamiento global.
"Si uno se fija de dónde provienen las emisiones que han contribuido al calentamiento global en los últimos 150 años, 70% vienen del uso de combustibles fósiles, 20% de la destrucción de los bosques y 10% de la erosión del banco de carbono en los suelos de todo el mundo", explica Holden.
"Productos orgánicos"
Si bien la agricultura ocupa un lugar importante en términos de emisiones de CO2, la Asociación para los Suelos considera que a la hora de diseñar estrategias para frenar el calentamiento global, éste ha sido un tema al que no se le ha dado prioridad.
Según Holden, si el mundo abandonase la agricultura intensiva y adoptase los métodos de la agricultura orgánica, "se podrían compensar el 11% de las emisiones de carbono a nivel global".
Pero las prácticas orgánicas no sólo permitirían reducir el nivel de CO2 en la atmósfera -atrapando el dióxido de carbono en el suelo- sino que tienen el beneficio adicional de mejorar la estructura y la calidad de los suelos, haciéndolos por ende más resistentes a las inundaciones y las sequías, fenómenos extremos que muchos científicos atribuyen también al cambio climático.
Peter Smith, profesor de Suelos y Cambio Global de la Universidad de Aberdeen, en el Reino Unido, concuerda con Holden en que cuando se agrega materia orgánica en los campos cultivados (práctica que emplea la agricultura orgánica), los suelos atrapan una mayor cantidad de CO2.
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Sin embargo, disiente profundamente en que la agricultura orgánica -como práctica universal- pueda ofrecer soluciones frente al cambio climático.
"Actualmente, seis mil millones de personas viven en el planeta. Para 2050 seremos nueve mil millones. Nosotros tenemos que alimentar a esta cantidad de gente utilizando la misma superficie de tierra que se cultiva en la actualidad", le dijo a BBC Mundo Smith.
"Por esta razón, la implementación de los métodos orgánicos -que rotan los cultivos dejando tierras sin plantar por al menos dos años y tiene un rendimiento menor- nos obligaría a expandir los sembradíos a la selva y otras áreas de vegetación vírgen", añade.
"Esto sería un desastre, tanto desde el punto de vista del cambio climático, como desde el punto de vista de la biodiversidad", asegura el científico.
¿Será posible?
"La gran pregunta es si la agricultura orgánica puede llegar a aumentar su productividad para alimentar a una población en constante crecimiento sin aumentar la cantidad de tierra de cultivo".
Para Holden la pregunta que hay que hacerse es otra. "Lo que hay que preguntarse es cómo vamos a alimentar al mundo de manera sostenible teniendo en cuenta el cambio climático, la disminución de los recursos y el aumento de la población".
Según la Asociación para los Suelos la respuesta está en la agricultura orgánica, que, según la ONG, tiene el potencial de implementarse en todas partes del mundo.
América Latina así como otras regiones pueden cambiar sus prácticas sin mayores obstáculos. "Los principios que conforman la base de la agricultura son los mismos desde que se inició la actividad y sólo cambiaron con la llegada del siglo XX", argumenta Holden.
Por esta razón, "pueden ser adoptados nuevamente". Y ese es el camino que la agricultura debería emprender, dicen, "porque es un sistema de producción de alimentos que minimiza la dependencia de los recursos no renovables y de los recursos externos".








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